En Albacete, la combinación de suelos arcillosos expansivos en la vega del río Júcar con los estratos de costra caliza en las zonas altas de la capital genera un escenario geotécnico que exige un control riguroso durante cualquier excavación profunda. Hemos observado cómo las variaciones estacionales de humedad —con veranos que superan los 38 °C y lluvias torrenciales en otoño— modifican las propiedades mecánicas del terreno en cuestión de días, comprometiendo la estabilidad de vaciados que parecían seguros en fase de proyecto. El monitoreo geotécnico de excavaciones que implementamos integra inclinómetros, células de carga en puntales y piezómetros para registrar en tiempo real el comportamiento del suelo y de las estructuras de contención, anticipando cualquier desviación antes de que derive en un incidente. Complementamos esta instrumentación con el ensayo CPT cuando los perfiles del estudio previo requieren verificación adicional en zonas con intercalaciones de yesos, frecuentes en el subsuelo albaceteño y que generan heterogeneidades difíciles de detectar sin penetración continua.
Un sistema de monitoreo bien diseñado detecta tendencias anómalas con al menos 48 horas de antelación a un fallo, tiempo suficiente para adoptar medidas correctivas sin paralizar la obra.



