Uno de los errores más silenciosos en las obras de Albacete, sobre todo en las ampliaciones del polígono de Campollano o en las nuevas urbanizaciones hacia el este, es asumir que unas cuantas pasadas del rodillo ya garantizan un relleno competente. La realidad del terreno llano pero heterogéneo de la llanura manchega, con sus arcillas limosas y costras calizas, no perdona las suposiciones. Sin un control de densidad de campo con cono de arena que verifique in situ el grado de compactación alcanzado, el riesgo de asientos diferenciales se dispara silenciosamente. Nuestro equipo técnico, acostumbrado a trabajar con las exigencias del Pliego de Prescripciones Técnicas Generales (PG-3) y a la interpretación del ensayo Proctor de referencia, evita esos sustos que aparecen meses después. Para obras que requieran un perfil estratigráfico previo, podemos cruzar datos con calicatas que permitan identificar la naturaleza exacta del material de préstamo antes de compactar.
El cono de arena sigue siendo el método de referencia cuando la precisión absoluta pesa más que la velocidad, especialmente en suelos con gravas donde los densímetros nucleares subestiman la densidad real.


