El crecimiento de Albacete hacia los llanos del este y los desarrollos logísticos junto a la A-31 ha multiplicado las solicitudes de estudios de mecánica de suelos en la última década. La ciudad, asentada sobre la llanura manchega a 686 metros de altitud, presenta un subsuelo donde la presencia de arcillas margosas y niveles de yesos condiciona cualquier cimentación. No basta con una caracterización somera del terreno. Un estudio de mecánica de suelos ejecutado con extracción de muestras inalteradas y ensayos de laboratorio bajo la norma UNE-EN ISO 17892 permite anticipar cambios volumétricos y diseñar con parámetros drenados reales. En zonas como Campollano o el entorno del canal de María Cristina, la variabilidad lateral del terreno exige una campaña de reconocimiento que combine sondeos con penetrómetros continuos para no dejar cabos sueltos en el modelo geotécnico.
En la llanura manchega, ignorar el hinchamiento de las arcillas o la disolución de yesos es el error de diseño más repetido y más caro de subsanar.










