La llanura aluvial del Júcar al norte de Albacete y los glacis del sureste no permean igual. Nos ha tocado medir valores de K diez veces distintos en dos solares separados por menos de un kilómetro, sobre todo donde el encostramiento calizo sella niveles limo-arcillosos bajo la grava. En la capital manchega, con 173.000 habitantes asentados sobre depósitos cuaternarios y margas miocenas, el agua subterránea no sigue reglas uniformes. Antes de decidir una cota de cimentación o dimensionar un drenaje conviene un ensayo de permeabilidad in situ con método Lefranc en suelos o Lugeon en roca, porque el dato de gabinete rara vez coincide con lo que sale en campo.
Un dato de permeabilidad mal estimado en las margas de Albacete puede transformar una excavación seca en un bombeo continuo durante meses.



