No es lo mismo construir en el ensanche norte de Albacete, sobre los sedimentos finos de la cuenca del Júcar, que en los terrenos más cercanos al polígono de Campollano, donde las arcillas del Cuaternario suelen presentar una plasticidad elevada que sorprende incluso a constructores con experiencia en otras regiones. En nuestro laboratorio hemos visto cómo una misma unidad de suelo, a pocos cientos de metros, cambia su comportamiento plástico por variaciones mínimas en el contenido de montmorillonita. Los [Límites de Atterberg](/) son la herramienta básica para cuantificar esa sensibilidad al agua, definiendo el rango de humedad en el que el suelo pasa de un estado sólido a uno semilíquido, un dato que en esta ciudad de 173,000 habitantes condiciona directamente la elección del sistema de cimentación y la estabilidad a largo plazo de cualquier estructura.
En la llanura manchega hemos medido índices de plasticidad superiores al 35%, que exigen estudios de expansividad específicos antes de definir la cota de cimentación.



