No es lo mismo cimentar en el Polígono de Campollano que cerca del Parque de Abelardo Sánchez. En Albacete, aunque a simple vista el terreno parece uniforme, la realidad bajo el asfalto cambia en pocos metros. Pasamos de gravas en las terrazas del antiguo cauce del canal de María Cristina a limos arcillosos con algo de expansividad en la periferia sur. Esa variabilidad es la que nos obliga a afinar el diseño de cimentaciones superficiales desde la primera campaña de reconocimiento. Antes de definir geometría de zapatas o losa conviene cruzar datos con un ensayo CPT donde el perfil es errático, porque el SPT solo no te da la continuidad que necesitas para detectar lentejones blandos en los primeros metros. Aquí, con la experiencia que tenemos en la llanura manchega, sabemos que el diablo está en los detalles del cuaternario.
En Albacete la diferencia entre una cimentación durable y una con patologías está en los primeros 3 metros de terreno: ahí se juega la expansividad, el colapso y la heterogeneidad que la topografía plana no deja ver.



