Recuerdo un proyecto de rehabilitación integral en el barrio de Carretas, junto a la Plaza de Toros. El solar colindaba con una construcción de los años 60 y la excavación reveló un paquete de arcillas limosas con carbonatos que no aparecía en la cartografía geológica preliminar. La dirección facultativa necesitaba justificar el coeficiente de amplificación sísmica ante el organismo de control, y la clasificación genérica del municipio no reflejaba ese contraste litológico a escala de parcela. Ahí es donde la microzonificación deja de ser un trámite y se convierte en la única herramienta válida para asignar un espectro de respuesta representativo. En Albacete, la combinación de la llanura sedimentaria del Terciario-Cuaternario con los aportes aluviales del canal de María Cristina genera heterogeneidades que el mapa de peligrosidad de la Norma NCSE-02 no resuelve por sí solo. Nuestro trabajo consiste en trasladar esa variabilidad a parámetros ingenieriles mediante ensayos geofísicos MASW y sondeos con registro continuo, integrando la velocidad de onda de corte en los primeros 30 metros con la estratigrafía real del subsuelo para construir un modelo de respuesta local que dialogue con el cálculo estructural.
Clasificar erróneamente un suelo como tipo II cuando el contraste de impedancia lo convierte en un tipo III local puede subestimar la demanda sísmica en más de un 30 % según el espectro elástico del Eurocódigo 8.



