En Albacete, cuando se perfora en la vega norte o en los glacis de la capital, a menudo aparece un contraste brusco entre el relleno cuaternario y las calizas o margas terciarias que subyacen a partir de los 8-12 metros. La tomografía sísmica de refracción y reflexión permite mapear ese contacto sin necesidad de una campaña de sondeos densa, algo que en nuestra experiencia ahorra semanas de planificación cuando el proyecto está ajustado. Trabajamos con tendidos de geófonos de hasta 120 canales y fuentes de impacto que generan un tren de ondas suficiente para alcanzar los 40-50 metros de profundidad de investigación, dependiendo de la litología del día. Combinamos la refracción para definir la velocidad de propagación en los niveles más someros y la reflexión de alta resolución para identificar cambios verticales sutiles, como lentejones de yesos o paleocanales rellenos de material más compresible, que en esta zona son más frecuentes de lo que muchos proyectistas asumen en gabinete.
Un perfil de tomografía sísmica bien calibrado en la llanura albaceteña puede distinguir un paleocanal relleno de limos de una caliza masiva sin necesidad de perforar cada 20 metros.



