El vibrador de aguja de última generación, con su masa excéntrica y frecuencia variable, es la pieza central de nuestro trabajo en Albacete. Cuando operamos en los limos arenosos de la llanura, el equipo transmite ondas de corte que reorganizan las partículas, eliminando huecos. La clave está en calibrar la energía de compactación según la granulometría local, muy influenciada por los aportes del río Júcar y sus afluentes secos. Antes de desplegar la sonda, correlacionamos la resistencia esperada con los datos de sondajes SPT realizados en la parcela. Así ajustamos la malla de puntos para alcanzar la densidad relativa objetivo sin sobrecompactar, un error frecuente en los terrenos yesíferos del subsuelo albaceteño.
Alcanzamos densidades relativas superiores al 70% en limos arenosos, compactando hasta 12 metros de profundidad con control continuo de energía.



