En Albacete vemos con frecuencia que las losas de hormigón se agrietan antes de tiempo y el asfalto se deforma con las primeras lluvias intensas del otoño. Pocas veces es culpa del material. El verdadero problema suele estar unos centímetros más abajo: un suelo arcilloso mal caracterizado que se hincha con la humedad y se contrae en los veranos secos de La Mancha. Diseñar un pavimento flexible aquí no es copiar un catálogo de secciones. Requiere medir la capacidad de soporte real, anticipar el comportamiento diferido de las capas granulares y ajustar los espesores para que la estructura trabaje junta. Trabajamos con el modelo multicapa elástico y criterios de fatiga contrastados para que la inversión en obra vial dure más de una década sin levantamientos ni roderas. Complementamos el diseño con un ensayo CBR de laboratorio cuando la subrasante presenta variabilidad lateral, algo habitual en los suelos yesíferos de la periferia de Albacete.
El pavimento flexible no se diseña para el primer año de tráfico, sino para el último: anticipar la fatiga acumulada es la clave del ahorro real en conservación.



