La última obra que supervisamos en el Polígono Romica tenía un corte vertical de 9 metros en arcillas con yesos masivos. La excavación se movía 4 milímetros al día hasta que rediseñamos el sistema de anclaje. En Albacete, las formaciones terciarias y los rellenos antropogénicos sobre la llanura manchega exigen un control de tensiones muy distinto al de otras provincias. Nuestro equipo trabaja con modelos de bulbo inyectado repetible, diferenciando entre anclaje activo con tesado inmediato y pasivo por fricción a lo largo del fuste libre. La clave está en la longitud de empotramiento en el estrato competente, que en esta zona suele aparecer a partir de los 6 u 8 metros bajo la rasante. Cuando el perfil es dudoso, complementamos la campaña con un ensayo CPT para definir la resistencia por punta y fuste antes de dimensionar la armadura.
La diferencia entre un anclaje activo y uno pasivo en Albacete se juega en los primeros 15 centímetros de bulbo dentro del estrato yesífero competente.



